Los gobiernos de Brasil y Japón acordaron este lunes impulsar el crecimiento de la industria de etanol, un combustible vegetal que podría suplir las necesidades energéticas de Tokio en el futuro.



El ministro japonés de economía, Toshihiro Nikai, y el titular brasileño de Desarrollo, Industria y Comercio, Luiz Fernando Furlan, se reunieron en la capital japonesa para estudiar las posibilidades reales de exportación del producto al país asiático. Brasil es el mayor productor mundial de etanol, combustible que se obtiene principalmente de la caña de azúcar. Japón planea importar etanol para utilizarlo en su industria con el objetivo de ajustarse a las medidas de protección medioambiental establecidas por el Protocolo de Kyoto.
Nueva alianza comercial.



La alianza estratégica entre ambos países se materializó en marzo con la creación de Brazil-Japan Ethanol, una firma de riesgos compartidos para la exportación del combustible. Por su parte, la empresa estatal brasileña Petrobras anunció que firmará este lunes un nuevo acuerdo con la compañía japonesa Mitsui para expandir los estudios sobre la exportación de etanol a mercados internacionales.



El etanol es considerado como un combustible alternativo a la gasolina en los mercados internacionales desde que el precio del petróleo se ha mantenido sobre los US $ 60 el barril. Brasil cuenta con unas 30.000 estaciones de servicio que proveen etanol y gasolina a los automovilistas y produce unos 15 millones de kilolitros (o metros cúbicos) de etanol por año.


Encienden el fuego a las 02:00. Lo apagan a las 04:00. Dos horas más tarde entran en los campos.




En esta parcela está el equipo de azul, veinte de ellos. No visten uniformes, pero todos tienen que usar el mismo color, de manera que quede claro en qué turno han trabajado. Eso es importante al final del día, cuando empiezan a pesar la caña de azúcar que han estado cortando.



El campo es extenso y cuando el Sol llega a su cenit, hace mucho calor. Circula a intervalos leche de soya con vainilla, así como terrones de panela. Los trabajadores traen su propio almuerzo y si todo va bien se llevarán a casa unos US$ 17 al final del día. No es mucho, pero es dos veces el salario mínimo en la zona.



Es difícil de creer que estos hombres forman parte del proceso de elaboración del etanol, la alternativa al petróleo más avanzada en uso a escala masiva. Más del 80% de los coches nuevos que se venden ahora en Brasil están equipados para usar etanol, así como gasolina. Ambos combustibles se ven casi en todas partes, y dado que el etanol es por ahora 60% más barato, este recurso hecho en casa es más popular que la importación foránea. El presidente de Estados Unidos, George Bush, ha desafiado a los estadounidenses a romper su adicción al petróleo, pero a ese país podría tomarle una década igualar el progreso alcanzado en Brasil. El precio del petróleo en Brasil tendría que caer a US $ 35 el barril para competir con el etanol.



Esa es apenas la mitad del precio al que el crudo se ha vendido en los últimos seis meses. Mercados de exportación.



Algunos de los países productores del oro negro se han vuelto menos cooperativos, más volátiles o violentos en ese lapso, y parece haber pocas posibilidades de que el precio caiga de manera significativa en el futuro cercano. El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, está complacido con la "revolución energética" que está teniendo lugar. Con un pasado de lustrador de zapatos en un país con deudas externas récord, el futuro se ve mucho más color de rosa.



Dentro del sector azucarero, hay quienes afirman que el país ha podido ya eliminar importaciones por US $ 400 millones gracias a la reducción de su dependencia del petróleo.



El enfoque ahora está en fortalecer las exportaciones.



Japón está considerando llegar a un trato para importar hasta 6.000 millones de litros de etanol brasileño hacia el 2008. Y se planea que en el 2012 se habrán abierto más de 70 nuevas refinerías.



Liderazgo Mundial.



En Grupa Carlos Lyra en Sao Miguel dos Campos, el 90% de la caña todavía se refina como azúcar, la cual terminará en nuestras tazas de té y pasteles. Pero el resto del pegajoso jarabe es bombeado dentro de una destilería. Sólo se añade levadura y un proceso simple de convertir azúcar en alcohol produce el combustible del futuro. Ahí donde la caña se lava y corta, el olor es de abono. Los tanques en los que termina el etanol tienen un aura que evoca más una cervecería.



Toma cerca de tres días transformar una rama tosca y quemada en el líquido claro que los brasileños pueden verter en sus tanques. Es una planta grande, sucia, maloliente, y destaca en un paisaje que normalmente estaría dominado por millas de hermosos campos de caña. Pero es una empresa local enorme y hay potencial tremendo para la industria. José Marcio de Oliveira está orgulloso de lo que se está haciendo aquí.



Esto son aporte de: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/business/
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